Choque fatal: el taxista dice que Ciruelos no conducía el otro auto

Narró que dos jóvenes salieron de la parte de adelante del vehículo y huyeron al ver que había una fallecida.   Relato. El taxista dio su versión del choque en el que murió Olivera. La hija de ella dijo que irán a la Justicia.

 

José Jofré es el chofer que conducía el taxi que protagonizó el choque con un Volkswagen Nivus en Bolívar y Colón. En esa colisión murió una de las pasajeras del taxi, Beatriz Arminda Olivera. Jofré afirma que Manuel Ciruelos no era quien manejaba el otro vehículo. “Cuando miré el otro rodado vi que bajaron de adelante dos chicos corriendo, me ayudaron a levantarme y luego, como pude, llegué a la vereda.

Foto: Héctor Portela.

Después me di vuelta y vi que ellos se dieron cuenta de que adentro del taxi estaba la señora (Olivera) y salieron corriendo por Colón. Se dieron a la fuga y quedó un chico bajito solo (Ciruelos)”, le contó el taxista a El Diario. «Esperamos el certificado de defunción para buscar un abogado y comenzar todos los trámites legales. Vamos a pedir justicia por mi mamá, no nos vamos a quedar de brazos cruzados. Hay personas que nos han ofrecido su testimonio», le dijo a este medio Cintia Carranza, hija de Olivera.

 

El jefe de Accidentología Vial, comisario Ismael Sosa, refirió que probablemente hoy le tomen declaración a Ciruelos en sede policial. El joven, de 19 años, no habría podido hacerlo antes “debido a su estado de shock”, dijo. E informó que esperan obtener registros de cámaras de seguridad privadas cercanas al cruce donde sucedió el choque para analizarlas y poder determinar, entre otras cuestiones, si el joven del Volkswagen viajaba solo.

 

Jofré dijo que la madrugada del domingo 5, Olivera junto a sus amigas —María Isabel Torres y Graciela Mabel Morales— abordaron el taxi tras salir de la fiesta del empleado público, que celebró su tercera noche en el Espacio Royal Arena, en la zona sur de la ciudad. “Ella (en referencia a Olivera) me dijo que tenía un problema en la pierna y me pidió por favor si podía ir sentada adelante, porque atrás iban a ir las tres muy apretadas. Un policía que estaba ahí me dijo que la dejara sentarse allí porque tenía una dificultad, como que no podía flexionar bien la rodilla. Y como ya se había habilitado llevar pasajeros adelante, la dejé. Ellas tres iban charlando y riéndose en todo momento”, recordó Jofré, de 50 años.

 

 

 

Dijo que durante todo el recorrido tuvo la precaución de frenar en cada esquina y mirar antes de avanzar. “Pasaba esa esquina, la de Colón y Bolívar, a 30 o 40 kilómetros por hora. Estaba la luz cortada, estaba muy oscuro y no se veía nada. Cuando ya había pasado más de la mitad del cruce sentí algo que llegó como un rayo. De ahí no me acuerdo más nada porque levantó el auto e hizo que diera una vuelta. Cuando abrí los ojos yo tenía la cabeza apoyada en la ventana, vi el árbol que estaba encima de nosotros y en mi brazo había caído la señora acostada (Olivera). En ese momento no podía abrir la puerta, porque se había trabado. Saqué el seguro y cuando me quise parar no pude, se me cortó la respiración por el golpe. Salí y me arrodillé en el piso, me apreté el pecho y como pude llegué hasta donde estaba él (Ciruelos) y le pregunté por qué se habían ido los otros chicos y me dijo ‘no te hagás problema, bro. Yo soy el dueño del auto, es de mi papá’ y yo le dije que él venía en el asiento de atrás y que vi que uno de los que me auxilió a mí, de camisa azul, era el que manejaba”, relató el chofer.

 

El Volkswagen “venía a más de 100 kilómetros por hora porque no frenó en ningún momento, yo sentí que al auto me lo levantó en el aire”, reiteró.

Según la presunción del chofer, quienes se fueron del lugar estaban más alcoholizados que el joven que se quedó, a quien el test de alcoholemia le dio 0,47 gramo de alcohol por litro de sangre. Es decir, por poco no superaba el máximo permitido para conductores particulares, que es 0,50. “Todos estaban alcoholizados, no podían estar parados. Ellos mismos quisieron auxiliar a las dos mujeres que iban atrás del taxi, pero una de ellas los insultó y después, cuando vieron a la señora fallecida, se fueron corriendo por Colón hacia el norte. Fue una cosa de segundos “, indicó.

“Después llegaron dos enfermeros y todos ayudamos a alumbrar con los celulares a través del parabrisas. Los bomberos tuvieron que sacar la puerta, que había quedado incrustada hacia adentro y le había apretado la pierna a la señora (Olivera). Cuando lograron romperla recién pudieron trabajar los médicos, pero no lograron salvarla”, lamentó.

 

 

 

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