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El 12 de abril Fernanda cumplirá nueve años. Hace cuatro, su vida cambió por completo cuando fue adoptada por Adolfo y Gustavo, pero en realidad, los papás explican que fue ella la que llegó para enseñarles otra forma de sentir y de vivir. "Primero teníamos prejuicios sobre la posibilidad de adoptar siendo un matrimonio igualitario, en una provincia tan tradicionalista como Salta, pero no fue así. También tuvimos otros miedos, hasta que la conocimos a Fernanda. Escuchamos sus pasos y al verla, nos extendió la mano a los dos y fue instantáneo, se unió a la familia como si hubiera vivido toda la vida con nosotros", recuerda Adolfo.

Adolfo y Gustavo están juntos desde hace quince años. Desde siempre quisieron tener hijos, pero cuando se casaron -tras la sanción de la ley del Matrimonio Igualitario- supieron que podrían cumplir su sueño. "Íbamos a presentar la carpeta de adopción cuando nos enteramos de la convocatoria pública a través de las redes sociales. Era una búsqueda para una nena de cinco años con síndrome de down. Eso fue un viernes, el fin de semana lo charlamos y el lunes nos presentamos para saber en qué consistía. No teníamos más que esos dos datos".

Presentaron los papeles, armaron la carpeta y los llamaron para la primera entrevista. "Ahí nos dijeron el nombre, que tenía síndrome de down, que hacía tres años que estaba en el hogar y que por no haber recibido estimulación temprana no caminaba, no hablaba y tenía conductas muy estereotipadas. En la institución en la que estaba le daban toda la contención y cuidados pero ella necesitaba el amor de una familia".

Ellos estaban decididos a convertirse en los papás de Fer. "Nos dijeron que había otras familias postuladas, pero Gustavo estaba muy confiado en que íbamos a ser nosotros. Fuimos quedando en la selección hasta que un jueves nos llamó el juez para decirnos que éramos nosotros, que podíamos ir a conocerla".

Adolfo recuerda que "se prepararon para ser padres". "Nos pusimos la mejor ropa y fuimos a conocer a nuestra hija. Primero hablamos con la directora y la psicóloga de hogar. Más tarde, llegó el momento de conocernos. Escuchamos los pasitos en la puerta. Gustavo, que es psicopedagogo, intentó advertirme sobre lo incierto que podía resultar el primer contacto. Fernanda cruzó la puerta y se me tiró encima para que le hiciera upa. Nos dio la mano a los dos, como diciendo, ya estoy acá. Nosotros estábamos tan emocionados. La directora nos dijo, además, que en todos los años que había trabajado en instituciones, nunca había visto una situación así".

Después llegó el momento de construir el vínculo. "A la semana nos dejaron sacarla a pasear y ella se sintió en casa, como si siempre hubiera estado con nosotros. Conoció a los tíos, los primos, y tuvimos que llevarla nuevamente a dormir al hogar. Cuando volvimos a buscarla, nos dijeron que no había dormido en toda la noche porque no paraba de llorar así que nos adelantaron la guarda".

"La fuimos a buscar, tenía su mochilita con un par de cosas y la ropa. Hicimos todo el proceso de guarda de seis meses y el 5 de noviembre iniciamos el juicio de adopción. A los meses salió la sentencia definitiva del juez".

Al mes, Fernanda empezó a caminar sola, era otra nena. Había cambios hasta en lo físico. Ahora, va a una escuela donde trabajan especialmente dedicados a estimular a los niños. Balbucea, dice papá y otras palabras. Canta en el coro de la iglesia y toca la pandereta. "Avanzó muchísimo en estos cuatro años".

Con su historia, los papás de Fernanda quieren alentar a otros padres a que adopten sin pensar en si son bebés, adolescentes, si tienen alguna discapacidad o si se trata de un grupo de hermanitos. "Todos merecen una familia y que les den amor".

Fuente: QuepasaJujuy

 

 
 
 
 
 
 
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