perramuerta

Mariana Fernández, una vecina del barrio porteño de Flores, se fue de vacaciones un mes, pero anteriormente tuvo que buscar una guardería para dejar a su perra, una labradora negra de dos años. Lo que menos imaginó fue que al regresar su vida iba a cambiar completamente.

El pasado 31 de enero, Fernández se contactó con una mujer llamada Leticia Negri, quien tiene una guardería canina en la Ruta 210, partido bonaerense de Brandsen e hizo todos los arreglos para que la perra permanezca allí durante esas cuatro semanas. "Me pareció que el campo era una buena opción para que Dominga corra y sea feliz durante el tiempo que mi hija y yo íbamos a estar ausentes", dijo.

Con el paso de los días, Negri le enviaba videos de su mascota, que parecía gozar de buena salud y ánimos, pero un detalle en particular le llamaba la atención: la tenía atada y con collar de cadena de ahorque. 

"Me respondió que era para que al momento de la comida, hubiera más control entre todos los perros. A los otros jamás los vi atados ni con correa de ahorque en ninguno de los videos, sólo Dominga", recordó la mujer.

El pasado 6 de marzo, ambas arreglaron para que Negri la devuelva a su hogar. Pero todo dio un giro inesperado. Ese día, Fernández se olvidó el celular en su casa cuando salía para el trabajo y cuando regresó a las 19.30 sólo tenía un mensaje de la cuidadora para preguntarle a qué hora iba a estar en el domicilio.

"La llamo y me comunica que Dominga había tenido un paro cardíaco, que si bien la había acercado a una veterinaria de la zona, no la habían podido salvar", afirmó la dueña del animal. Según le explicó la mujer, dejó a Dominga sólo 10 minutos arriba del auto mientras bajaba a otro perro. Y ahí fue cuando murió.

La perra había sido un regalo para su hija cuando falleció su abuela y tenían un vínculo muy fuerte. "¿Qué otro bichito le puedo regalar a tu hija para reemplazar a Dominga?", le habría preguntado Negri, a lo que Fernández quedó atónita, pero la dejó pasar.

Al día siguiente, se acercó a la veterinaria donde Negri llevó a Dominga cuando tuvo el paro cardíaco y allí se llevó una sorpresa. La verdadera historia de la muerte era distinta.

La cuidadora dejó a Dominga alrededor de dos horas en el baúl de su auto Volkswagen Gol Country, con las ventanillas subidas y sin el aire acondicionado prendido. Afuera hacían 35 grados, por lo que dentro del vehículo la sensación térmica era alrededor de 45 grados.

"La gente se amontonó alrededor del auto queriendo romper los vidrios ya que habían visto a Dominga en grave estado en su interior, estaba convulsionando. La policía también llegó, pero prohibió que rompieran el vidrio del auto ya que dijo que era un delito. Tampoco lo pude entender y ahí me siguen quedando dudas que necesito también resolver", sostuvo.

Cuando Negri apareció en la escena, intentó reanimar al animal tirándole agua en la cara, mientras que los presentes repudiaban su actitud. Pero fue tarde, Dominga ya había muerto.

El pasado viernes 8 de marzo, Fernández recibió los resultados de la necropsia que le hizo a su mascota en la Facultad de Veterinaria, que confirmó que murió por un golpe de calor. A raíz de esto, hizo una denuncia penal en la Fiscalía de la Ciudad de Chacarita, donde presentó videos, fotos y cámaras de seguridad que demuestran que su perra sufrió maltrato.

"Negri debe pagar, es una asesina. Debe haber condena penal. Mi hija y yo no tenemos consuelo. Y Dominga, nuestra alegría, nuestra vida, nuestro corazón. Nos la arrebató en un hecho de negligencia extrema y sin piedad", expresó.

Y siguió: "Nadie nos devolverá a Dominga, nadie le devolverá la sonrisa a mi hija. Quedamos muertas en vida. Negri es una asesina de animales que está suelta. Debe ir presa".

Mañana 15 de marzo a las 19, Fernández convocó a una marcha en la calle La Fuente al 381, en Flores, para pedir justicia y pidió a quienes se acerquen que vayan con sus mascotas.

Fuente: Clarín

 
 
 
 
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